No todos los pensamientos valen la pena de ser escritos

No todos los pensamientos valen la pena de ser escritos. Un pensamiento que no vale la pena de serlo y lo es, significa pérdida de tiempo, no sólo en pensarlo, sino en escribirlo y después en leerlo (para todos y cada uno de los que lo leen). Ahora, La cuestión del valor sólo se puede medir respecto al pensamiento mismo. Y el pensamiento siempre mide en abstracciones, en absolutos. Es decir, un pensamiento que vale la pena de ser escrito es aquél que se eleva lo más posible hacia la abstracción y desde ahí se lanza hacia la escritura para poder transformar a cualquier lector posible. En la medida en que eso se logra, entonces un pensamiento vale la pena de ser escrito. Ahora otra advertencia: algo se le escapa a este pensamiento de los pensamientos, a este pensamiento o valorización. Y es que los pensamientos más generales ya se han escrito quizá e incluso se han vuelto clichés de la escritura. Tan es así que es posible que en momentos se logren encontrar más pensamientos que valen la pena en la literatura o cualquier tipo de manifestación textual que en lo que se hace llamar filosofía. La filosofía se puede volver obsoleta cuando ya ha dicho lo más general y de lo único que ha dado cuenta es de que las generalidades no sirven para nada, no sirven para vivir. La filosofía llega a su propio límite entonces y aquellos pensamientos que lo atraviesan todo resultan ser los pensamientos sobre el cuerpo, la poesía, las ficciones, los diarios íntimos, los intercambios epistolares, etc. Estos textos que quizá no tenían la intención de atravesarlo todo, sino, si acaso de tocar algo, algún cuerpo, pueden resultar justamente los que más nos tocan a todos. Los pensamientos que valen la pena no pueden ser medidos nunca de forma definitiva, no hay fórmula para valuarlos. Ante eso uno podría pensar que entonces todos los pensamientos valen la pena de ser escritos, sin embargo, no escribimos todos nuestros pensamientos. Las tecnologías actuales están intentado capturarlos todos a la manera de datos y estadísticas. Los programadores quieren que nada se escape, que no quede ningún pensamiento sin ser registrado. Y logran hacerlo en gran medida. Pero algo siempre se le escapa, y ese algo no es quizá solamente el pensamiento de los pensamientos capaz de valuarlo todo. Este pensamiento, al contrario de escapar, siempre va a estar tratando de hacerse valer, de quedar registrado. Pero al contrario, el pensamiento que no se siente lo suficientemente valioso como para ser escrito siempre va a huir. Este pensamiento puede ser también el pensamiento de los pensamientos, y es, de hecho, el cuerpo: aquél que no puede ser capturado. En épocas como la nuestra, cuando todo tiende a ser capturado es donde vale decir que no todos los pensamientos valen la pena de ser escritos. Ésa es nuestra única salvación y lo es en dos sentidos: salva a los pensamientos que se escriben y a los que no también.

Sobre la justicia

La justicia de la vida radica justamente en que no es justa de acuerdo a los criterios del hombre, de ningún hombre en particular ni del hombre como especie. Si la vida fuera justa en el sentido en el que el hombre quisiera que lo fuera, entonces ya no sería justa, sería algo parcial, algo conveniente al razonamiento humano. La justicia de la razón es que nunca alcance a explicarlo y resolverlo todo. La razón debe agradecer esa incompletud. Kant decía que el hecho de que no podamos conocer las cosas en sí, no quiere decir que no podamos pensarlas. Y con ese argumento validaba que la cosa en sí existe. En este caso, el pensamiento sobre a justicia funciona del mismo modo. La justicia de la que podemos dar cuenta por medio de la razón es muy limitada. Pretende que las cosas sean de una forma muy particular y no de otra. Pretende que puede encontrar una solución perfecta y que ésta es sólo una. Pretende que puede incluso conocerla. Pero la misma razón puede dar cuenta de sus propios límites. Cuando la razón da cuenta de sus límites, entonces actúa como cuerpo. Sufre dolencias, carencias, hambre, deseo, etc. Entonces la razón se abre hacia la consideración de una razón más allá de la razón humana. Tal es de lo que daba cuenta Descartes en sus meditaciones. Y a esa razón le llamó Dios. También puede ser llamado, por supuesto, el pensamiento de los pensamientos, el eterno retorno, la cosa en sí, etc. Ésa es la justicia divina a la que se refiere Benjamin y que tanto incomoda a sus estudiosos. Pero esos fueron otros tiempos y así habrían de ser entendidos. Benjamin está en el filo de dos tradiciones, una judía y una marxista materialista. Y no se avergüenza de ello. Marx mismo es teleológico, así que tampoco es nada arriesgado. Ahora que podemos ver esto en retrospectiva, podría resultar fácil entenderlo, pero aún con eso parece que hemos olvidado esa otra justicia. Por supuesto que ya no le podemos llamar una “justicia divina”. Ante esto se ofrece Nietzsche siempre y salta la categoría de “vida”. La justicia de la vida sería una salida, pero, a su vez, de inmediato la vida se vuelve susceptible de ser estandarizada y querer definirla bajo lineamientos científicos. Si acaso, habría que buscar una nueva definición de la vida que no fue la de la biología, para poder dar cuenta de esa justicia. Pero probablemente la categoría “vida” también resulte por sí misma insuficiente. Ante esto nos queda sólo hacer asociaciones, a la Platón. Aceptemos que no sabemos qué es la vida, tampoco la justicia, pero en caso de que hubiera una definición de vida y de justicia, lo más seguro es que éstas estuvieran asociadas positivamente con la belleza, la fortaleza, la verdad, Dios, la claridad, etc; y negativamente con la injusticia, la debilidad, la mentira, el mal, la confusión. Por supuesto que uno puede tomar el camino que quiera, pues no hay garantía de que ninguna de esas asociaciones no pueda romperse en cualquier momento, pero si comienzas a asociarte negativamente con la justicia, que no se te haga raro que las injusticias lleguen a ti. A su vez esto implica una lección profundamente cristiana: si estás todo el tiempo intentando ligarte positivamente con la justicia, es decir, haciendo el bien, diciendo la verdad, siendo fuerte frente a las adversidades, etc. esperando ser recompensado con justicia, que no se te haga raro que de repente te llegue la injusticia, pues desde el principio sabías que esto era una apuesta y que podías perder. 

Premisas para vivir después de la muerte de Dios (primer esbozo)

1. Si tú no te detienes, nadie lo hará.

2. Más te vale creer que éste no es el único mundo posible. Si crees que sí lo es, entonces nadie te detendrá, ni tú.

3. Es verdad que el hombre es la medida de todas las cosas, pero lo importante no era eso, sino cuál es la medida del hombre, ¿o es el hombre puro exceso?

4. Más bien, las cosas son la medida del hombre. El hombre llega hasta donde las cosas se lo permiten.

5. Al ser el hombre también una cosa, entonces éste está destinado a no ser nada, sino pura relación. Si el hombre es la medida de todas las cosas, entonces A=A.

6. (A=A)= Si tú no te detienes, nadie lo hará.

7. En “A=A” el único elemento diferente es la igualdad. El “=“ es la relación. Pero A nunca es igual a A. Si así lo fuera, entonces ya no habría relación. Sólo habría una A.

8. Puesto que “A=A” siempre es una potencialidad, entonces hay una otra medida que no es A.

9. Para que A sea igual a A se necesita de otro mundo posible donde verdaderamente A=A.

10. Cualquier cosa es otro mundo posible excepto cualquier cosa.

11. La diferencia entre cualquier cosa y cualquier otra cosa no existe si tú no la pones.

12. Si tú eres la diferencia entre cualquier cosa y cualquier otra cosa, entonces tú eres la medida de todas las cosas. Eso es cierto. Pero lo importante no es eso, sino cuál es tu medida.

13. Si las cosas son tu medida, entonces no tienes medida y eres puro exceso.

14. No hay bien y mal, sólo necesidad y lujo, medida y exceso.

15. Si tú vives en el exceso entonces sentirás que las cosas se exceden contigo y serán tus enemigas. A ver quién puede más.

16. A las cosas nunca les vas a ganar porque es como querer ganarte a ti mismo. Es la superación de sí mismo nietzscheana. Pero la única forma de superarte a ti mismo es ponerte una medida.

17. La medida no está en las cosas ni en ti mismo, porque son lo mismo. La medida está en la posibilidad de la relación.

18. Relación=diferencia=mundo de las ideas=Dios.

19. Puedes vivir sin Dios, pero entonces Dios es igual a ti. Si tú eres igual a Dios, no tienes medida. Si no tienes medida, las cosas son tu medida. Si las cosas son tu medida, estás a expensas de Dios. Pero como Dios ha muerto, tú estás muerto.

20. Si no quieres estar a expensas de Dios, tienes que inventar a Dios.

21. Que sea lo que Dios quiera es de todas formas que sea lo que tú quieras, pero a un nivel inconsciente. El inconsciente no tiene medida, es puro exceso.

22. Entre falta y exceso hay una diferencia. Esa diferencia es Dios. Si Dios está muerto, entonces exceso es igual a falta infinita: a deuda infinita con Dios y contigo mismo.

23. Si tú no te pones una medida para pagar la deuda contigo mismo, nadie lo hará.

24. La medida es lo que te debes. Si no pagas lo que debes, terminarás pagando más de lo que debes; superándote a ti mismo. Pero eso sólo pasa poniendo una medida. Y ésta es la medida.