Sobre la justicia

La justicia de la vida radica justamente en que no es justa de acuerdo a los criterios del hombre, de ningún hombre en particular ni del hombre como especie. Si la vida fuera justa en el sentido en el que el hombre quisiera que lo fuera, entonces ya no sería justa, sería algo parcial, algo conveniente al razonamiento humano. La justicia de la razón es que nunca alcance a explicarlo y resolverlo todo. La razón debe agradecer esa incompletud. Kant decía que el hecho de que no podamos conocer las cosas en sí, no quiere decir que no podamos pensarlas. Y con ese argumento validaba que la cosa en sí existe. En este caso, el pensamiento sobre a justicia funciona del mismo modo. La justicia de la que podemos dar cuenta por medio de la razón es muy limitada. Pretende que las cosas sean de una forma muy particular y no de otra. Pretende que puede encontrar una solución perfecta y que ésta es sólo una. Pretende que puede incluso conocerla. Pero la misma razón puede dar cuenta de sus propios límites. Cuando la razón da cuenta de sus límites, entonces actúa como cuerpo. Sufre dolencias, carencias, hambre, deseo, etc. Entonces la razón se abre hacia la consideración de una razón más allá de la razón humana. Tal es de lo que daba cuenta Descartes en sus meditaciones. Y a esa razón le llamó Dios. También puede ser llamado, por supuesto, el pensamiento de los pensamientos, el eterno retorno, la cosa en sí, etc. Ésa es la justicia divina a la que se refiere Benjamin y que tanto incomoda a sus estudiosos. Pero esos fueron otros tiempos y así habrían de ser entendidos. Benjamin está en el filo de dos tradiciones, una judía y una marxista materialista. Y no se avergüenza de ello. Marx mismo es teleológico, así que tampoco es nada arriesgado. Ahora que podemos ver esto en retrospectiva, podría resultar fácil entenderlo, pero aún con eso parece que hemos olvidado esa otra justicia. Por supuesto que ya no le podemos llamar una “justicia divina”. Ante esto se ofrece Nietzsche siempre y salta la categoría de “vida”. La justicia de la vida sería una salida, pero, a su vez, de inmediato la vida se vuelve susceptible de ser estandarizada y querer definirla bajo lineamientos científicos. Si acaso, habría que buscar una nueva definición de la vida que no fue la de la biología, para poder dar cuenta de esa justicia. Pero probablemente la categoría “vida” también resulte por sí misma insuficiente. Ante esto nos queda sólo hacer asociaciones, a la Platón. Aceptemos que no sabemos qué es la vida, tampoco la justicia, pero en caso de que hubiera una definición de vida y de justicia, lo más seguro es que éstas estuvieran asociadas positivamente con la belleza, la fortaleza, la verdad, Dios, la claridad, etc; y negativamente con la injusticia, la debilidad, la mentira, el mal, la confusión. Por supuesto que uno puede tomar el camino que quiera, pues no hay garantía de que ninguna de esas asociaciones no pueda romperse en cualquier momento, pero si comienzas a asociarte negativamente con la justicia, que no se te haga raro que las injusticias lleguen a ti. A su vez esto implica una lección profundamente cristiana: si estás todo el tiempo intentando ligarte positivamente con la justicia, es decir, haciendo el bien, diciendo la verdad, siendo fuerte frente a las adversidades, etc. esperando ser recompensado con justicia, que no se te haga raro que de repente te llegue la injusticia, pues desde el principio sabías que esto era una apuesta y que podías perder. 

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